jueves, 21 de marzo de 2013


una mujer china me vendió un turbante de lana
sobre el puente de Brooklyn
el frío me había cortado los labios,
la cara helada,
un poco de sol detrás se esfumaba en una postal
me perdí en el subte, se hacía de noche,
una puertorriqueña con ropa ajustada y estrás en las uñas me guió
en el museo había una noche de jazz, tragos y esplendor americano
en mi mente, una frase de Blanche en “Un tranvía llamado deseo”:
siempre creí en la buena voluntad de los desconocidos
desayunamos en el bar de Brodway y la 35
los mozos hablaban en español
en la tele pasaban flashes informativos
sobre el estado de la salud de Chávez
yo sólo quería derrumbarme a llorar en un banco del Central Park
entre los árboles pelados y las ardillas
pero debía ser una turista aplicada
fotografiar edificios y situaciones con mi cámara analógica
las puertas de los edificios estaban llenas de pinos de Navidad muertos
los recolectores latinos los levantarían y los llevarían en camiones de basura
para triturarlos y devolverlos a la tierra
luego vino el taxi manejado por un negro que no me hablaba
“this is Harlem?”, “yes”
lloré mucho en Nueva York
los que se fueron no vuelven.

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