domingo, 19 de noviembre de 2017

"Kill Gil está todo afinado en La, recorre todo el disco. La es el metro, es casi la norma. Afinar antes era fácil: levantabas el tubo y listo, porque La es la nota del tono del teléfono. Mejor dicho, era. Ahora cagaron eso también: hasta el teléfono desafinaron. El Si bemol es la nota del pánico, de la alarma, todas las sirenas están en Si bemol. Es la clave del metal. Do es un gordo de Mar del Plata. Re es la nota romántica. Mi es la delincuencia, es la nota del rock, es filosa y puntiaguda. Fa es la más blanda, tan blanda que podría ser Fa séptima... es la bossa nova. Sol es femenina, es el folk, Joni Mitchell. La es la directora de escuela, flaca, recta, y Si es George Sand, la mujer de Chopin, una lesbiana flaca que mata a su marido talentoso"

Charly García

martes, 14 de noviembre de 2017

tewok

las yararás andan lejos
huyen del ruido,
me dijeron,
se mantienen retiradas
del pueblo
en el monte
no voy a tener miedo
de volver en verano
entonces
si dormimos adentro de la casa
haremos rollitos
con trapos de piso
y los pondremos debajo de las puertas
para no tentar a la suerte
pero si el calor agobia
y tiramos un colchón
debajo de un algarrobo
o empujamos la cama
hasta ahí 
para sentir el fresco
voy a ser valiente
me entregaré al espíritu del lugar
entrar en el monte es
hacerse monte
de volver en verano
me sumergiré en las aguas sagradas
del tewok
a esperar que me crezcan plumas
en la mirada.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Santa Victoria Este, chaco salteño, 13 de julio de 2017

                        

Me desperté cerca del mediodía y esperé que Andrei llegara de una reunión con la gente del INTA. Fuimos a comer a un patio con piso de tierra y mesas y sillas de plástico. Comí arroz con ensalada de tomate, lechuga y zanahoria. Andre lo mismo, pero con carne. De ahí nos fuimos a la oficina del INTA, donde tuvo otra reunión con Jackie, Álvaro y Juan. Yo cebaba mate y tomaba notas. En el medio, llamó Ana Julia desde Buenos Aires. Fue tan lindo escuchar su voz. Dos mundos mágicos: el de Anita y el wichí se unieron por unos minutos.
Después volvimos para la casa, donde Julia me avisó que Karina Mendoza me estaba esperando en la comunidad por si quería comprar sus libritos, ya que necesitaba ella comprar pan para los chicos. Así que me fui muy contenta para la comunidad de los Mendoza, donde me recibió Karina. Me llevó al Tewok, el centro cultural, que en wichí significa "río que no se termina nunca", y nos pusimos a conversar. Ella dejó a su bebito de tres meses con su marido, pero entraron otros niños y se pusieron a jugar alrededor de nosotras; hacían bailes y cantaban en wichí. Karina me mostró los libros escritos por su hermano Abel, que es maestro bilingüe y justo estos días andaba por Salta.
Me contó que ellos son politeístas y me mostró cuáles son algunos de sus dioses: el sol, la luna, la lluvia. Para cada uno de ellos tienen un ritual. Me contó también que los hombres se encargan de cultivar y de cosechar. Que el chaguar es una planta sagrada, y que todo lo que hacen con esa planta (yicas, cinturones, tapices) está teñido por esa espiritualidad. Me dijo que en ese libro está el mundo de ellos.
Luego, me mostró el pizarrón, donde estaban escritas las vocales en español. Karina es alfabetizadora y había estado dando una clase hasta minutos antes de que yo llegara.
En las paredes del Tewok hay fotos hermosas de Guadalupe Miles que muestran la vida en el monte: por ejemplo cómo bajan una colmena de los árboles y luego hacen un fuego para alejar a las abejas y así obtienen la miel, que es un alimento fundamental en la dieta wichí.
Le di de regalo un librito de poesía, un "Encenderé un fuego" La Carretilla Roja Ediciones. Karina se emocionó porque le gusta mucho la poesía, dijo. Me preguntó si podía leerlo, y comenzó en voz alta, con una cadencia montaraz adorable: "Mi jardín es el verde, también la hojarasca...". Nos dimos un abrazo fuerte en silencio y me preguntó si podía dedicarle el libro. Me contó que su hermano Abel también es poeta y me recitó en wichí unos versos que su hermano le escribió a su novia, que decían algo así:

"Yo recogeré flores
y pondré en tu pelo
una corona amarilla
como la miel."

sábado, 4 de noviembre de 2017

Tata

Le gustaban los sándwiches de miga de La Esmeralda de Belgrano y leía el diario "La Nación" a la noche en la cama, aunque se había casado con un militante socialista que leía "La Prensa" y "La Vanguardia". Iba a misa a la Redonda todos los días, pero no de chupacirios, sino de negociadora sabia acerca del momento que, intuía, estaba por llegar. También le gustaban los bombones de fruta. Y hacernos de comer a sus nietos. Mi hermana Carolina era
su preferida, y no tenía ningún problema en decirlo.
Hasta que tuve edad para volver sola a mi casa, fue a buscarme a la puerta del colegio, junto a mi abuelo, todos las tardes de mi escolaridad. Me esperaba primera entre la multitud, y sacaba de su cartera mágica, como una especie de Mary Poppins, caramelos, chocolates, alfajores, paragüitas. Con mi hermano Mariano, nos turnábamos para ir a dormir a su casa. Entonces, yo tomaba sus actitudes: comía sándwiches de miga de La Esmeralda, leía con ella el diario a la noche en la cama, rezábamos el rosario, cada una el suyo, cada una a su tiempo, escuchábamos hasta tarde música clásica de la radio.
Tenía un cuartito lleno de cachivaches, cartones, cajas, telas: fue la primera recicladora urbana que conocí. Lo gustaban las plantas y cuidaba de su jardín como si fuera una extensión andaluza del Museo Larreta, que estaba frente a su ventana. Un día me dijo: "A vos te va a costar el tema del amor", aunque estaba yo de novia, y me regaló un corazoncito con una cadena. Era una escorpiana brava. Toda su vida, se había cosido su propia ropa: vestidos, camisas, hasta tapados. Le gustaba tomarse un cafecito en Bonafide cuando caía el sol. Ya de grande, comenzó a interesarse por las fuentes. Así que una tarde me pidió que la acompañara a la librería Rodríguez, ya que a mí me gustaba leer desde chica, y se compró una edición muy barroca del "Martín Fierro" y las obras completas de Borges. Su color preferido era el rrrrrrojo, con muchas erres y bien fuerte -nunca cayó en el snobismo de clase de decir colorado-, y la comida de Navidad. Fue un poco mi mamá y fue una de las pocas personas del mundo que me quiso como soy.
Cuando nos enteramos de que estaba enferma de cáncer, aunque tardaron en decírmelo, el tiempo se detuvo para mí y fueron meses de vivir en cámara lenta, en un tiempo y espacio congelados y paralelos. Iba al trabajo, a la facultad y a su casa. Todos los días hasta la noche.
La semana anterior a su muerte, encontré tirado un sobre viejo en Santa Fe y Montevideo. Adentro tenía una carta escrita en francés junto a una estampita de la Virgen de Lourdes, de quien ella era devota. La estampita decía 8 de noviembre, el día que ella dejó este lugar.
Un día como hoy nacía. María Isabel Fernández Aratta de Ramírez. Mi adorada abuela Tata. A veces sueño con ella, y estamos juntas en el sueño por un rato. No hay un solo día que no piense en ella.





domingo, 22 de octubre de 2017

"En los primeros tiempos, había un hombre que hizo una batea con un gran yuchán. Luego fue a cazar y mató un tapir. Lo hizo desangrar y se llevó la sangre a su casa. Allí volcó la sangre en la batea.
Todos observaban, con ganas de saber qué estaba fabricando.
Todos los días salía a cazar. En una oportunidad, mató una corzuela. Otra vez le sacó la sangre, juntándola en el estómago del animal, y la llevó a su casa.
Llenó el yuchán con la sangre de los animales que mataba. Entonces cubrió la batea con un trapo. La tapó a la tarde. Al día siguiente, sacó el trapo. Cuando destapó la batea, descubrió que estaba llena de gente. Estaban sentados en dos filas, una frente a la otra, que se extendían de un extremo del yuchán al otro.
La sangre guardada en el yuchán había dado origen a los seres humanos.
Eso fue lo que el hombre supo hacer. Así fue el origen de la gente. Provenimos todos de la sangre de animales de caza. Somos producto de la sangre de toda la fauna silvestre, como el rosillo, la corzuela, el quimilero, el tapir, el oso hormiguero...
Esto somos nosotros, los Wichí. Aquellos son los Wanzlai, los Fwumahnui, los Suwele, los Tapiete... todos los pueblos diferentes."

"El origen de las etnias", mitología wichí, en "La buena voluntad wichpi", John H. Palmer (2005)